Por Tania Frank
Los bofedales altoandinos de Bolivia, ecosistemas fundamentales para la provisión de agua, la crianza de camélidos y la captura natural de carbono, enfrentan una creciente amenaza por efecto del cambio climático y el sobrepastoreo. Estos humedales, ubicados a más de 3300 metros sobre el nivel del mar y alimentados históricamente por glaciares y nevadas, están perdiendo agua debido al aumento de temperaturas, la reducción de lluvias y el retroceso de los nevados.
Ante esta situación, comunidades indígenas de La Paz, Oruro y Potosí, junto al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), impulsan el proyecto “Bofedal es Vida”, una iniciativa que une conocimientos ancestrales y herramientas técnicas para recuperar y proteger estos ecosistemas estratégicos.
Los bofedales funcionan como esponjas naturales que almacenan agua y sostienen la vida en el altiplano. Además, contienen grandes cantidades de carbono acumulado durante siglos en sus turberas, convirtiéndose en aliados clave frente al calentamiento global. Sin embargo, la sequía y el exceso de ganado están degradando el suelo y reduciendo su capacidad de retener humedad.
Frente a ello, las comunidades han retomado prácticas tradicionales como el “retepeo”, técnica que consiste en trasladar bloques de vegetación de zonas sanas hacia áreas deterioradas para regenerar el humedal. También se aplica el sistema Lay Flat, mediante tuberías flexibles que conducen agua desde ríos o lagunas hacia sectores secos, favoreciendo nuevamente la humedad y el crecimiento vegetal.
Otra práctica implementada son las “medias lunas”, pequeñas estructuras semicirculares que retienen agua de lluvia en terrenos áridos y ayudan a evitar la erosión causada por los vientos. Paralelamente, los comunarios promueven el sembrado de pastos y la rotación de áreas de pastoreo para reducir la presión del ganado sobre los bofedales.
Los testimonios de los productores reflejan la preocupación por la pérdida de agua, pero también la esperanza generada por los resultados obtenidos. Comunarios aseguran que los bofedales intervenidos muestran recuperación de plantas nativas, mayor disponibilidad de agua y mejores condiciones para la crianza de llamas y alpacas, actividad económica esencial para las familias altoandinas.
El proyecto, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), monitorea desde 2023 un total de 18 bofedales que abarcan cerca de 2872 hectáreas. Asimismo, más de 1400 comunarios fueron capacitados en prácticas de conservación y manejo sostenible.
Además de la restauración ecológica, investigadores estudian la capacidad de estos ecosistemas para almacenar carbono y contribuir a la mitigación del cambio climático. Especialistas destacan que mientras los bofedales permanezcan húmedos y cubiertos de vegetación, continúan reteniendo grandes cantidades de CO₂ bajo el suelo.
La iniciativa continuará hasta 2028 bajo una segunda fase enfocada en fortalecer la gobernanza territorial y la resiliencia de los sistemas productivos de camélidos. El objetivo final es que las prácticas exitosas puedan replicarse en otras regiones andinas y asegurar la supervivencia de los bofedales, considerados fuente de vida para las comunidades del altiplano boliviano.




