Por Nelson Yupanqui Gómez
Durante años, el apoyo institucional en el VRAEM ha estado marcado por una lógica asistencialista: pasajes pagados, stands gratuitos y participación en ferias internacionales bajo el amparo del Estado. Sin duda, estas acciones tienen un impacto visible en la promoción del cacao y el café de la región. Pero cuando esa ayuda se convierte en costumbre, el impulso se vuelve freno: el apoyo termina sustituyendo la iniciativa.
El verdadero desarrollo del VRAEM no se logrará multiplicando ferias, sino fortaleciendo las capacidades internas de sus organizaciones. El Estado —a través de DEVIDA, MIDAGRI u otros programas— debe dejar de ser un proveedor de vitrinas y transformarse en un inversor en capital humano. Subvencionar sin estrategia es solo gastar; invertir en formación, gestión y liderazgo es construir futuro.
Un productor que regresa de una feria sin saber cómo costear la siguiente, o sin haber aprendido a negociar con un banco o exportador, sigue siendo dependiente. Se le da el pescado, pero no se le enseña a pescar a nivel gerencial. Y en una región donde la autonomía económica es también una forma de seguridad, esa debilidad institucional tiene consecuencias más amplias que un simple balance financiero.
La autosuficiencia empresarial en el VRAEM no es solo un objetivo económico: es una estrategia de desarrollo alternativo. Las cooperativas con buena gestión financiera, transparencia y capacidad de negociación son menos vulnerables a los intermediarios ilegales o a los vaivenes del mercado. El éxito real no se mide por la cantidad de premios obtenidos, sino cuando una organización puede financiar su propio flete o negociar créditos productivos con su plan de negocios en la mano.
Por eso, el próximo salto del VRAEM no pasa por más stands, sino por más formación. Implementar sistemas de contabilidad y trazabilidad, capacitar en negociación internacional, contratos de futuros y branding, formar líderes capaces de sostener la institucionalidad de sus cooperativas: ese es el verdadero camino.
Solo cuando el productor se vea y actúe como un gerente de su propia empresa, y no como un agricultor asistido, el retiro del apoyo estatal dejará de ser una amenaza. Será, más bien, la señal inequívoca de su madurez.
El día que el VRAEM deje de pedir stands y comience a ofrecer marcas sólidas, habremos pasado del asistencialismo a la autonomía. Y ese será el verdadero triunfo del desarrollo.





