El denominado «Machu Picchu de Lima» fue escenario de una emotiva celebración que reunió a autoridades, investigadores, dirigentes comunales, promotores culturales, operadores turísticos y visitantes para rendir homenaje a uno de los más extraordinarios legados arqueológicos del Perú.

Con un amplio programa de actividades desarrollado del 12 al 21 de junio, el Sitio Arqueológico de Rúpac, ubicado en la comunidad campesina de San Salvador de Pampas, distrito de Atavillos Bajo, provincia de Huaral, conmemoró el 27.º aniversario de su declaratoria como Patrimonio Cultural de la Nación, consolidándose como uno de los principales destinos arqueológicos, históricos y turísticos de la región Lima.

Las celebraciones se iniciaron en el auditorio de la Municipalidad de Miraflores, en Lima, con la presentación oficial del programa conmemorativo. La jornada incluyó la proyección del video «Rúpac, 27 años como Patrimonio Cultural de la Nación», una destacada presentación artística de la Institución Educativa Privada Play School de Huaral, una danza costumbrista de la Comunidad Campesina de San Salvador de Pampas y la inauguración de la exposición pictórica «Ciudad de Fuego», del reconocido artista huaralino Miguel Brenner, inspirada en la majestuosidad del complejo arqueológico.

Las actividades continuaron el 19 de junio con el primer camping de operadores turísticos especializados en caminatas y trekking, quienes iniciaron el ascenso desde San Salvador de Pampas hasta Rúpac. Al caer la noche se realizó el tradicional encendido del Fuego Sagrado, ceremonia de profundo significado espiritual que simboliza el respeto por los ancestros y la conexión con este milenario santuario andino.

Ceremonia central
El 20 de junio, día central de la conmemoración, las actividades comenzaron con una peregrinación desde Rúpac hacia la comunidad campesina de San Salvador de Pampas. Posteriormente se desarrolló la tradicional ceremonia de agradecimiento a la Pachamama, en reconocimiento a la naturaleza y al invaluable legado de la cultura Atavillos.
La ceremonia protocolar contó con la participación de la señora Rosa Elena Balcázar Guevara, hija predilecta de Pampas y destacada promotora del complejo arqueológico de Rúpac; del señor Carlos Enrique Salvador Ayala, alcalde distrital de Atavillos Bajo; del ingeniero Enrique Pareja Ferreyros, estudioso e investigador de Rúpac; del señor Pablo Liceta Ladera, presidente de la CONACCIP y reconocido líder de las comunidades campesinas de Lima; así como del promotor cultural y caminante del Qhapaq Ñan, Felipe «Chasqui» Varela, además de autoridades locales, dirigentes comunales, investigadores y
pobladores.

Uno de los momentos más significativos de la celebración fue la participación de Felipe «Chasqui» Varela, quien, acompañado por un equipo del Fuego Sagrado, realizó una ceremonia ancestral de ofrenda y agradecimiento a la Pachamama. Posteriormente recorrió las principales edificaciones del complejo arqueológico, resaltando su extraordinario valor histórico, cultural y espiritual, así como la necesidad de fortalecer su conservación y difusión para las futuras generaciones.
Como parte del programa también se inauguró el restaurante comunal de San Salvador de Pampas, se desarrolló un concurso de danzas intercomunidades, una muestra gastronómica con los platos típicos de la zona, un almuerzo de confraternidad y un gran baile popular que congregó a autoridades, comuneros y visitantes.

Las actividades conmemorativas culminaron el 21 de junio con una caminata de trekking hacia Rúpac, en la que participaron autoridades, pobladores, operadores turísticos e invitados especiales, quienes recorrieron las principales estructuras del complejo arqueológico y admiraron la majestuosidad de una de las ciudades prehispánicas mejor conservadas de la sierra de Lima.
Ingeniería ancestral que desafía el paso del tiempo
Considerado el «Machu Picchu de Lima», Rúpac constituye una de las más notables expresiones de la arquitectura e ingeniería desarrolladas por la cultura Atavillos. Sus imponentes edificaciones de piedra de varios niveles, levantadas entre los siglos XI y XV a más de 3,400 metros sobre el nivel del mar, permanecen en pie gracias a una extraordinaria técnica constructiva de piedra sobre piedra que evidencia el avanzado conocimiento de sus antiguos pobladores.
Sus murallas, recintos ceremoniales, viviendas y mausoleos reflejan una admirable planificación urbana y una perfecta adaptación al relieve andino, convirtiéndose en un testimonio vivo del ingenio y la capacidad constructiva de las civilizaciones prehispánicas.
La jornada conmemorativa concluyó en un ambiente de alegría, identidad y confraternidad, entre danzas y bailes tradicionales interpretados por las comunidades campesinas vecinas, que pusieron en valor la riqueza cultural, la música, las costumbres y el espíritu de los pueblos altoandinos de Huaral.

A 27 años de su declaratoria como Patrimonio Cultural de la Nación, Rúpac continúa desafiando el paso del tiempo con la fortaleza de sus monumentales construcciones y la memoria viva de un pueblo que mantiene intacta su historia. Hoy, el «Machu Picchu de Lima» no solo representa el esplendor de la cultura Atavillos, sino también un símbolo de identidad, orgullo y esperanza para las futuras generaciones, llamado a ocupar el lugar que merece entre los grandes destinos culturales y turísticos del Perú.





