Por la Dirección de Promoción de las Exportaciones de PROMPERÚ
El Día del Café Peruano, que este año celebrado en torno al 28 de agosto, llega en un momento especialmente interesante para el sector. El café peruano cerró el 2025 con exportaciones récord por alrededor de USD 1796 millones. Entre enero y abril del 2026, los envíos superaron los USD 170 millones, un resultado correspondiente a un periodo previo a la etapa más intensa de la campaña exportadora.
El mayor dinamismo suele concentrarse desde abril y extenderse hasta agosto o setiembre, cuando aumenta la disponibilidad del grano. Detrás de esta oferta existe, una cadena que involucra a más de 220 000 familias productoras en distintas regiones del país.
Después de varios años de restricciones de oferta y precios excepcionalmente altos, la producción mundial de café muestra señales de recuperación. Para la campaña 2025/26 se estiman alrededor de 179 millones de sacos de 60 kg frente a un consumo de 173 millones, mientras que para 2026/27 la producción podría alcanzar los 181 millones de sacos y la demanda acercarse a los 176 millones.
Aunque ambas campañas presentarían un balance positivo, la brecha sigue siendo ajustada considerando la necesidad de mantener stocks mundiales cercanos al 15 % del consumo. A ello se suma la incertidumbre climática en grandes países productores como Brasil, que continúa introduciendo volatilidad en los precios.
En la Bolsa de Valores de Nueva York, los precios del café arábica ya muestran un rebote y han vuelto a superar los USD 7 por kilogramo, rompiendo la tendencia bajista observada durante parte del 2026. Los movimientos responden, entre otros factores, a la incertidumbre climática en Brasil y a inventarios que continúan en niveles ajustados.
Para el Perú, este nuevo ciclo plantea una lectura distinta. El crecimiento de los próximos años dependerá cada vez menos de una coyuntura excepcional de precios y más de la capacidad para demostrar por qué un comprador debería elegir un café peruano frente a otros orígenes.
Una oferta que tiene espacio para competir por diferenciación
Las proyecciones para el 2026 sitúan la producción de café peruano alrededor de los cuatro millones de sacos de 60 kilos, un nivel más cercano al de países productores de Centroamérica que al de gigantes como Brasil, con cerca de 65 millones de sacos entre arábica y robusta, o Vietnam, con alrededor de 29 millones, principalmente de robusta. Esta diferencia de escala refuerza una estrategia para el Perú centrada en la diferenciación, la calidad y el valor del origen, antes que en competir por grandes volúmenes.
La propia lectura del mercado realizada por PROMPERÚ identifica al Perú con una oferta orientada hacia cafés arábica, orgánicos y de especialidad. Esa posición permite trabajar segmentos donde el comprador presta atención al perfil de taza, el origen, el manejo poscosecha y la consistencia entre campañas.
El mercado australiano ofrece una señal interesante. En el 2025, el café peruano ingresó con un precio promedio de USD 7582 por tonelada, cercano al colombiano. Más que una comparación aislada de precios, el dato sugiere que el origen Perú ya puede ser reconocido dentro de una franja de mayor valor cuando llega con los atributos que busca el mercado.
Algo similar ocurre en Taiwán. La presencia peruana todavía es pequeña —en el 2025 representó alrededor de 0,5 % de las importaciones de café de ese mercado—, pero el producto es identificado, principalmente, dentro del circuito de especialidad, en particular entre tostadores artesanales, cafeterías independientes y espacios vinculados a la tercera ola del café.
Ahí aparece una oportunidad relevante para la promoción comercial: crecer donde el café peruano ya tiene una percepción favorable antes que intentar competir únicamente por participación de mercado.
El mismo café no se vende igual en todos los mercados
La inteligencia comercial permite observar otra transformación: los mercados consumidores avanzan a velocidades y en direcciones distintas.
Estados Unidos continúa siendo uno de los grandes destinos del café peruano, pero dentro de ese mercado la especialidad gana terreno. En el 2026, más de la mitad de los adultos estadounidenses había consumido algún café de especialidad durante la semana previa a la medición de la National Coffee Association. Al mismo tiempo, formatos como cold brew, bebidas frías y preparaciones basadas en expreso amplían las ocasiones de consumo.
Europa presenta una lógica diferente. Países con una cultura cafetera consolidada están avanzando hacia microlotes, orígenes específicos y productos cuya sostenibilidad pueda demostrarse. Italia mantiene una enorme industria de tueste y, junto con los grandes operadores, existe una red de tostadores que compra cafés de especialidad y origen único.
En España, el interés por estos productos crece dentro de una cultura tradicional de consumo, mientras que mercados como Polonia muestran una transición progresiva desde el café instantáneo hacia café en grano, propuestas premium y perfiles más sofisticados.
En Asia, el panorama es todavía más dinámico. El crecimiento de cafeterías y el consumo fuera del hogar está ampliando el mercado en países donde el té ha tenido históricamente una presencia dominante. China, Taiwán, Japón y Corea del Sur muestran oportunidades distintas, desde el café de especialidad hasta bebidas listas para consumir y propuestas que mezclan café con nuevos sabores y formas de consumo.
Esta diversidad obliga a evitar una promoción uniforme. Un microlote que puede interesar a un tostador especializado en Melbourne no necesariamente responde a lo que busca una cadena en Shanghái o un tostador tradicional italiano. El trabajo comercial comienza por entender qué atributo del café peruano tiene mayor valor para cada comprador.
El origen empieza a tener un valor más concreto
Durante años, hablar del origen del café fue principalmente una herramienta de diferenciación. Hoy empieza a tener también consecuencias comerciales y regulatorias.
El Reglamento de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación (EUDR) incorpora al café entre las materias primas sujetas a debida diligencia. Su aplicación está prevista desde el 30 de diciembre de 2026 para operadores grandes y medianos, y desde el 30 de junio de 2027 para micro y pequeñas empresas. Para los exportadores, esto eleva la importancia de contar con información precisa sobre el origen del café y demostrar que la cadena cumple con los requisitos exigidos para acceder al mercado europeo.
Esto modifica la conversación con el comprador. La trazabilidad deja de funcionar únicamente como parte de la historia detrás de una taza y pasa a formar parte de la documentación que sostiene una relación comercial.
Para el Perú, esa exigencia también puede convertirse en una ventaja cuando el trabajo realizado en territorio permite conectar el producto con parcelas identificadas, organizaciones consolidadas y prácticas verificables. En mercados donde el consumidor y el tostador quieren saber qué están comprando y de dónde proviene, la información bien gestionada puede aumentar el valor del origen.
Lo mismo sucede con las certificaciones. Orgánico, comercio justo y otros estándares continúan siendo vías de acceso a determinados segmentos, pero su verdadero valor comercial aparece cuando están acompañados por buena calidad de taza, cumplimiento y suministro consistente.
De vender café a construir relaciones con compradores
En mercados de especialidad, la promoción comercial tiene una particularidad: muchas decisiones de compra comienzan antes de hablar de precios.
Una muestra, una cata o una conversación sobre el proceso utilizado en finca puede ser el primer acercamiento entre un productor peruano y un tostador internacional. Estos espacios permiten construir una narrativa alrededor de toda la cadena de valor del café, desde la producción y el trabajo en origen hasta el perfil que llega a la taza. A partir de allí entran en juego la consistencia, el volumen disponible, las condiciones de entrega y la capacidad de sostener esa relación en campañas posteriores.
Por eso, las acciones de promoción necesitan acercarse cada vez más a la forma en que compra cada segmento. Las ferias internacionales siguen siendo importantes, pero se vuelven más efectivas cuando están acompañadas por inteligencia previa sobre el comprador, espacios de degustación y agendas que permitan mostrar la diversidad de los orígenes peruanos.
También adquieren valor las misiones que llevan al comprador al territorio. Conocer una finca, conversar con una organización productora y observar directamente el procesamiento permite comprender atributos que difícilmente caben en una ficha comercial. Para un café que busca diferenciarse por origen, esa experiencia puede convertirse en parte de la construcción de confianza.
Desde PROMPERÚ esta mirada permite conectar mejor el trabajo de inteligencia con la promoción: identificar dónde existe una demanda compatible con nuestra oferta y acercar a las empresas peruanas a los compradores que realmente valoran esos atributos.
Esa estrategia de PROMPERÚ se traduce en una presencia activa en ferias y misiones comerciales, catas especializadas y acciones vinculadas a concursos de calidad, que en el 2026 ya han generado más de USD 66 millones en oportunidades comerciales.
Mirar los mercados que vienen
Los grandes importadores tradicionales seguirán siendo fundamentales, pero el mapa del consumo está incorporando nuevas oportunidades.
El análisis internacional muestra que China, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Turquía y otros mercados han incrementado sus compras de café durante los últimos años. Su crecimiento no significa que todos sean destinos inmediatos para cualquier exportador peruano. Lo que indica es que el consumo se está expandiendo hacia geografías donde todavía existe espacio para construir posicionamiento.
La tarea de inteligencia comercial consiste precisamente en distinguir crecimiento estadístico de oportunidad real. Un mercado resulta atractivo cuando su demanda coincide con el producto que la empresa puede ofrecer, existe un canal de entrada viable y el precio permite construir un negocio sostenible. Ese criterio será cada vez más importante en un escenario global con mayor competencia.
El café peruano tiene diversidad de territorios, productores especializados y una oferta que ya ha conseguido reconocimiento en mercados exigentes. El siguiente paso es convertir esas fortalezas en relaciones comerciales más estables y en una presencia más visible dentro de los segmentos que pagan por diferenciación. Vender mejor puede ser lo que marque la distinción.




