Tras 36 años de investigaciones, el instituto consolidó una de las principales reservas de semillas de esta especie amazónica y promovió un modelo de manejo sostenible que prioriza las podas sobre la tala para la obtención de aceite esencial.
El Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), entidad del Ministerio del Ambiente, consolidó en el Centro de Investigaciones Jenaro Herrera el principal banco vivo de palo de rosa (Aniba rosaeodora) del Perú, gracias a 36 años de investigaciones sobre una de las especies forestales más valiosas y amenazadas de la Amazonía. Las plantaciones, conformadas por árboles de 36, 30 y 7 años de edad, se han convertido en la principal fuente de semillas para programas de reforestación, conservación e investigaciones científicas orientadas a recuperar esta especie en distintas regiones amazónicas.

Uno de los principales aportes de estas investigaciones fue fortalecer el conocimiento sobre el aprovechamiento sostenible del palo de rosa sin necesidad de talar el árbol. Las evaluaciones realizadas por el IIAP en Pucallpa evidenciaron que plantas de un año ya contienen aceite esencial. Asimismo, aunque este compuesto puede obtenerse a cualquier edad, a partir de los cinco años se constituyen en una referencia para realizar la primera poda, ya que la planta alcanza dimensiones adecuadas para un manejo sostenible. Este enfoque abre la posibilidad de generar ingresos sin recurrir a la tala de los ejemplares.

Las investigaciones también permitieron desarrollar un protocolo de propagación vegetativa mediante estaquillas, tecnología que facilita la producción de nuevas plantas para proyectos de restauración y sistemas agroforestales. Asimismo, los estudios evidenciaron que algunos árboles producen más de 1 200 semillas por temporada, información que permitirá seleccionar los ejemplares con mayor potencial para fortalecer la recuperación de la especie y ampliar su cultivo de manera sostenible.
Además de su valor económico, el palo de rosa desempeña un papel importante en el equilibrio de los bosques amazónicos. Sus frutos sirven de alimento para aves como los tucanes, que dispersan sus semillas y favorecen la regeneración natural, mientras que su sombra, raíces y hojarasca contribuyen a conservar la humedad y fertilidad del suelo.
Actualmente, el IIAP transfiere semillas, plantones y asistencia técnica a comunidades amazónicas para impulsar una cadena productiva que combine conservación, investigación y desarrollo sostenible.




